Cuando las encuestas y los movimientos sociales cuentan cómo los políticos se han transformado en villanos, ha llegado el momento de revisar el modelo de hacer política. El problema es que estamos acostumbrados a ver como nuestros políticos están tan interesados en aferrarse al poder que no les importa hacer aquello en lo que no creen, lo que muestra su falta de integridad. Cuando las acciones de los políticos no coinciden con sus intenciones transmiten a la sociedad la sensación de que son falsos o hipócritas. Cuando los comportamientos de los políticos son el reflejo de algo más profundo transmiten la sensación de honestidad.
El pueblo no entiende que estén en política para hacer dinero y, mucho menos, los privilegios que ellos mismos se han concedido. Quiere que tengan las mismas condiciones de ingresos y trabajo que la gran mayoría. Hoy en día, la sociedad distingue entre lo público y lo privado. Quien está en política lo debe hacer para prestar un servicio a la sociedad. Para enriquecerse está la actividad privada.
Ni los recortes, ni el aumento de los ingresos, ni el ajustar los gastos a los ingresos por si solos van a servir para salir de la crisis en la que nos encontramos. Mucho menos reducir derechos laborales y sociales o de bienestar como la educación o la salud. Esto solo lleva al aumento de la desigualdad social. Estamos inmersos en una crisis económica diferente a las anteriores y requiere de soluciones diferentes. No es comprensible utilizar las recetas de siempre para una crisis diferente. Hay que ser más eficientes sin reducir recursos públicos. Hay que sustituir el modelo de economía consumista y especuladora sin límites por otro que prime los empleos verdes y sociales.
El eslogan: “Otra forma de hacer política es posible” suena bien e invita a la esperanza. Lo mismo sucede con el que elegimos para las últimas elecciones municipales: “Sí, hay alternativa”. Pero, ¿hay alternativa?, ¿es posible otra forma de hacer política?, sí.
Frente a la política basada en intereses está la política basada en valores. Frente a la política basada en los intereses del capital, de los partidos, de algunos particulares, del beneficio personal hay una política basada en valores de justicia social, confianza y armonía. Cuando los valores del político son correctos, le seguirán acciones correctas. Los valores son las guías para la toma de decisiones. Representan el sentido de lo correcto e incorrecto de la persona.
Justicia es contemplar las acciones con valor en sí mismas porque es lo correcto. Justicia es tratar a las cosas y a las personas apropiadamente. Lo opuesto es el beneficio personal. En política, es muy importante el desarrollo de la justicia social. Comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables para garantizar condiciones de trabajo y de vida decentes para toda la población.
Confianza es lo que conecta a las personas entre sí. Sin confianza, las relaciones normales entre las personas serían imposibles. La falta de sinceridad y lealtad en la acciones de los políticos conduce a la pérdida de confianza y comunicación con la sociedad. La política se ha convertido en teatro donde la mentira se confunde con la verdad de tal manera que ya es prácticamente imposible distinguirlas. Hablan de una forma, actúan de otra. No coinciden los compromisos de los políticos con sus actuaciones. Un ejemplo es la notable diferencia entre los programas con los que se presentan a cualquier elección y el grado de cumplimiento. Es necesario que los políticos sean sinceros y leales con la sociedad a la que representan para restablecer la comunicación y confianza.
Armonía es la observación de las reglas correctas de comportamiento, lo cual asegura el orden y la estabilidad social. Armonía es el equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, y su resultado siempre connota belleza. Lo opuesto es la uniformidad. Armonía es trabajo en equipo. La diversidad de opiniones y puntos de vista pueden convivir en armonía.
Un buen político tiene actitudes, comportamientos adecuados y valores. A través de sus acciones, mejora el mundo a su alrededor y trae armonía. Mira más allá de los beneficios a corto plazo.
Tanto mi antecesor, Rubén, como yo practicamos política basada en valores. Estoy seguro que mi sucesora, Paloma, hubiera hecho lo mismo.
